" Textos "

Nos encontramos con un artista que mantiene intacto su afán de búsqueda, con una honestidad poco usual que da la espalda a los cantos de sirena del  mercado y la moda y que se afana en salir  al encuentro de un lenguaje propio en ámbitos tan diversos como la  pintura, la fotografía, la escultura o el grabado. Un lenguaje abstracto en cualquiera de sus manifestaciones. Informalista en sus grabados, encontramos en Tirador, no tanto un interés por el resultado final sino por el proceso seguido, manchas, color, trazos gestuales, perfiles de espacios, de los que van surgiendo, la composición y la  estructura del grabado. Para sus esculturas elige el hierro y la piedra, materiales en los que busca plasmar el movimiento, la correspondencia entre masas, en las que se instala por derecho propio el gran protagonista de la escultura moderna, el espacio.
Cesar Velasco Morillo
   Director del Museo Pérez Comendador-Leroux

                                                                                                                                 
                                                                                                                             
We meet an artist who keeps intact his eagerness to investigate, with a rare honesty that turns its back on the siren songs of the fashion market and strives to find his own language in areas as diverse as painting, photography, sculpture and etching. It's abstract language in all its manifestations. Informality in his engravings,we find in Tirador, not so much an intereset in the outcome but by the proceedings, stains, color gestural strokes, shapes of spaces, from which the composition and structure of the engraving emerge.For his sculptures he chooses iron and stone, materials that seek to capture the movement, the correspondence between the masses in wich stands in its own right the protagonist of modern sculpture, space.

Cesar Velasco Morillo
Museum Director Pérez Comendador-Leroux
Inolvidable sentido de la permanencia

La gente tiene miedo. Lo tenemos desde pequeños como instinto de protección o como consecuencia de aprendizajes ya inanalizables. El caso es que tenemos miedo, y cada uno aprende a vivir con ello como puede. Algunos se lanzan al ruedo rodeados de redes, otros se ponen las tiritas antes de recibir las heridas, otros pretenden conocer los verdaderos límites del peligro antes de dar un paso, otros se hacen fuertes en ambientes que les son familiares. Imagino que hay más soluciones para cortar la cabeza de la serpiente.
Tirador ha decidido hacerse fuerte en su castillo; es un hidalgo medieval y no le falta ni la armadura que trabaja en sus talleres. La hidalguía habrá de consistir en este caso en sostener la honra del hogar como jauría fiel aunque amenazante. También en mantener la propia estima a pesar de los muchos nobles más poderosos, también más ruidosos, que a veces declaran la guerra al feudo. Tiene conciencia de que es su sangre algo menos azul de lo necesario para este tipo de lides; no es un inconsciente. Pero siente en el silencio de su castillo el murmullo de otras vidas pasadas que debe asumir y defender, la precariedad de lo que algunos dejaron tras de sí casi como sombras, y de las que, como dueño, debe también ser paladín. ¡Cuánto trabajo!
No calculo el esfuerzo de encender el fuego en la chimenea, escuchar a los vivos, a los muertos y a los olvidados, poner paz entre los lacayos que cruzan detrás de las sienes, sentir en el silencio de sus dominios las peticiones de permanencia de lo que fue y de lo que es, y cubrir el miedo de todos con algo fuerte que a la vez no le controle a él mismo, que sea capaz de dominar como señor feudal. ¿No son armaduras de hierro lo que ha colocado a los pequeños seres mortales, de aspecto frágil, de fina madera, que nos enseñan apenas la cara tras la celada? ¿No los hecho parecer más grandes, como pavos reales que asustan con trucos casi circenses? Cuánta compasión para con lo pequeño. Me pregunto cuánta conciencia queda en él de escudero maltratado para mantener siempre el gesto atento a la dignidad en el trato con lo que otros de su casta consideran inservible, y ahora hablo de personas.
La nobleza es una herencia que debe permanecer. Obliga a la hospitalidad, a la defensa activa si es necesario del amigo, a muchos gestos magnánimos, pero ante todo debe permanecer. Es imposición para el caballero conocer los detalles de su historia, los resquicios del tiempo y el lugar que habita. Y controlarlos. Quizá este es el lado más oscuro del hombre honrado medieval que Tirador se resiste a aceptar. En su interior late el deseo de dominar, no de agredir ni forzar, pero sí mantener bajo control su tiempo, su estirpe, y el espacio que habita. No puedo evitar imaginarlo en ceremonia de vasallaje con el hierro, exigiéndole obediencia a cambio de su eterna protección.


Lorena Villamil García
             Escritora                     
                                                                                                                                                                

         

Unforgettable sense of permanence

People are afraid. We have been since our childhood as an instinct for protection or as a result of learning unable to be analysed. The fact is that we are afraid, and everyone learns to live with that as they can. Some thrown themselves into the ring surrounded by nets, others place the sticking plaster on before being wounded, others try to find out the true limits of danger before taking a step, others fortify themselves in the environments that are familiar. I imagine that there is more than one solution to cut off the head of the snake.
Tirador has decided to fortify himdelf  in his castle, he is a medieval knight and doesn't lack the armour he creates in his workshops. The nobility must consist in this case on defending the honour of the home as a pack of hounds, faithful though threatening. Also in maintaining self-esteem despite the more powerful and noisier noblemen who sometimes declare war on the domain. He is aware that his blood is slightly less blue than is necessary for this type of fights, he is not irresponsible. But he feels  in the silence of his castle the murmur of other lifetimes to be assumed and defended, the precariousness of what some have left behind almost like shadows, and of which, as an owner, he must also be a champion. Such hard work! .
He didn't calculate the effort of lighting a fire in the fireplace, of listening to the living, the dead and the forgotten, of making peace between the lackeys that cross behind the temples, of feeling in the silence of his domain requests permanence of what was and what is, and cover all the fear with something stronger that at the same time doesn't control him, that he can be able to master as feudal lord. Are they not iron frameworks which he has placed on the little mortals, frail-looking, of fine wood, which show us only their faces behind the helmets? Has he not made them look too great, such as peacocks frighten us with circus tricks? How much compassion for the small! I wonder how  aware he remains of being abused as a squire to always be on the lookout for dignity with what others of his caste consider useless, and I speaking about people now.
Nobility is a legacy that should stay.It requires the hospitality, the active defence of a friend if necessary, many magnanimous gestures, but above all it should stay. It is a must for the knight to know the details of his history, the cracks of time and place he inhabits, and to control them. Perhaps this is the darker side of medieval honest man which Tirador refuses to accept. Inside beats the desire to dominate, not to attack or force, but to keep control of his time, his lineage, and the space he inhabits. I cannot help imagining him in ceremony of vassalage with iron, demanding obedience from it in exchange for eternal protection.

Lorena García Villamil
                            Writer